Novedades en la muerte de Asunta

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_asunta_005f4258[1]Las pesquisas de la Guardia Civil siguen dando sus frutos en la investigación de la muerte de  Asunta. Hechos que pareces difíciles de creer, en una historia que cada vez cobra más sentido, como un testimonio y una grabación que dejaron en evidencia a la madre desde el domingo.Un vecino de la finca declaró a la Guardia Civil que vio salir a la abogada apresurada de esa casa cercana a Teo; le dijo que iba a buscar a su hija y el hombre le recomendó que encendiera las luces del coche porque ya era de noche. Porto no tuvo más remedio que reconocer que había estado sola en la finca para recoger unos bañadores de la niña (un detalle obviado en la denuncia), pero contó que había ido sola. Una cámara de tráfico del centro de Santiago y otra de una gasolinera en el camino hacia la finca (hay más grabaciones) registran el paso del Mercedes de la letrada con su hija en el asiento del copiloto. En una de ellas, según los investigadores, la imagen es nítida.

El visionado de las cámaras, junto a las mentiras de la letrada, precipitaron su detención, a las puertas del tanatorio de Santiago tras la incineración del cuerpo. A esas alturas, los forenses ya habían constatado que Asunta murió por asfixia, que no se había resistido (por la sedación) y probablemente había sido atada. El paripé de la madre continuó en los calabozos de la Guardia Civil. «Están equivocados. Yo no fui», repetía entre lágrimas, tras mostrarse más preocupada por los lamparones de la manta de la celda que por los hechos de los que la acusaban. Durante el registro de su casa se desmoronó tras oír gritos de «¡asesina!»: «Bueno, he mentido y tengo que decir la verdad», soltó entre lágrimas. Y no volvió a abrir la boca.

Su comportamiento ya llamó la atención de allegados en el tanatorio el lunes. A una conocida le comentó su contrariedad por no haber podido ir a la inmobiliaria donde iba a participar en el alquiler de un piso; a otra amiga, le habló de su disgusto porque el caso lo llevara el «mediático» juez Taín y porque al ser abogada y conocida saldría durante semanas en los programas de televisión. Basterra, el padre de la niña, pasó del llanto a la frialdad en cuestión de horas y también pidió consejo a otros amigos sobre un abogado de confianza. Faltaban aún horas para su detención.

El miércoles, con los avances de Toxicología y la certeza de que a la pequeña la habían drogado antes de matarla, se decidió su imputación, que asistiera al registro de la finca de Teo y horas después su arresto. La Guardia Civil había confirmado que fue él quien compró en una farmacia de Santiago unos ansiolíticos con el mismo principio activo que los hallados en el cadáver de Asunta. Los tomaba Porto, sí, en tratamiento psiquiátrico, pero los investigadores tenían más.
A principios de semana, nada más trascender la posibilidad de que a la niña la hubieran sedado, varias personas acudieron a la Guardia Civil. Lo hicieron dos profesoras del centro musical «Play» donde la superdotada Asunta asistió en julio al menos a tres cursos distintos: lenguaje musical, piano y peregrinos musicales. Dos de ellas explicaron que en ese mes, un día la niña estaba adormecida, inactiva, algo inusual en ella, siempre en cabeza y participativa. Se lo comentaron a su padre a la salida de las clases. «Está tomando unas pastillas muy fuertes para la alergia», fue su respuesta tras quitar importancia al estado de la cría.
«Es falso que Asunta dijera que la estaban envenenando; habrían actuado», señala el abogado Ramón García, padre de otros alumnos. La declaración de estas dos profesoras está secreta. Sin embargo, debió de ocurrir otro episodio en fechas próximas, en un curso diferente, y la niña sí dio más detalles. El juez ha prohibido que trasciendan esas declaraciones, dado que la hipótesis que se baraja es que los padres estuvieron suministrando a su hija algún tipo de medicamento desde hace tiempo (semanas o tal vez más). El día de la muerte, según algunas fuentes, almorzaron los tres juntos. El rastro de las pastillas en la niña era reciente, de unas horas antes. La pareja lo niega y, por tanto, se está a la espera de los resultados toxicológicos.
Tres días antes del crimen, la madre envió una nota al colegio: «La niña se encuentra muy mal. Tiene muchos vómitos. Ha tomado muchas pastillas. Espero vuestra colaboración cuando vuelva a clase». Esa nota está en poder de los investigadores. Por la tarde, mandó un «sms» a la profesora de ballet de Asunta. Le decía que la alumna estaba «K.O» por tomar pastillas.
Salvo esos episodios, que lógicamente solo han cobrado relevancia tras la muerte, nadie del entorno había percibido una amenaza. La imagen de familia feliz persistía incluso tras la separación de los padres. Los investigadores se afanan en determinar qué ocurrió en julio. Ese mes, además de los incidentes descritos que han trascendido ahora, un hombre entró supuestamente en la casa de noche. Lo contó la madre en la denuncia y, según algunas fuentes, la niña se lo relató a una amiga diciéndole que la habían querido estrangular. Los investigadores indagan si pudo ser un asalto fingido.
Fuentes del entorno sostienen que la menor acudió a pedir ayuda a su padre y de ahí que la abogada pasara varias semanas ingresada en el área psiquiátrica de un hospital de Santiago. Los agentes saben que el exmarido estuvo cerca y la atendió durante ese tiempo. Ella contó que estuvo hospitalizada por el «Lupus» que sufre, aunque quienes la conocen aseguran que se ha negado siempre a recibir tratamiento convencional y acudía a un homeópata. Tras la hospitalización, los tres pasaron varios días juntos en la playa, en la casa que Charo Porto heredó en Vilanova de Arousa.

Versiones contrapuestas, espontáneos removiendo el pasado familiar, herencias millonarias, negocios oscuros, desavenencias maritales, supuestos amantes, ingresos hospitalarios, desmentidos… El secreto del sumario y la exhaustiva y hermética investigación han dado pábulo a decenas de rumores en busca de una explicación al atroz crimen de una niña especial, sobresaliente y querida. «No sabemos aún por qué pero sí que lo hicieron ellos». El testamento encontrado en su casa es de 1975 y Porto es la heredera, pero los agentes buscan posibles cambios posteriores o donaciones en vida a la niña de sus abuelos, ante la evidente falta de liquidez que ahora tenía la pareja. ¿Por qué urdieron un plan? Solo ellos lo saben. De momento.

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